jueves, 26 de febrero de 2015

As aulas de português



Pues nada, ya estamos en marcha con las clases de portugués ahí a tope. Al menos al final no damos 8 horas al día, “sólo” 5, de 9:30 a 12:30 y de 14:00 a 16:00…y menos mal porque no sé qué pasa que estamos todos reventados y parece que sólo reviscolamos después de una buena siesta. 

El lunes en la reunión nos preguntaron si queríamos hacer un examen para ver nuestro nivel o si preferíamos pasar directamente al nivel 1 (sólo tenemos dos opciones: A1 o B1). Ya nos avisaron de que lo normal era que los españoles nos apuntáramos al 2, pero que luego venían las sorpresas rollo: “¿Uy, pero de verdad no se dice tiburão? O sea, que básicamente tendemos a inventarnos el idioma.

Así que hicimos el examen todos los españoles más dos francesas, dos belgas y una croata…y a pesar de los suspensos sólo accedió a bajarse de nivel el pobre Colin, que por cierto es uno de los que se vendrá luego a Horta conmigo. El resto decidimos que estudiaríamos mucho (ejem) y nos quedamos. For the record: yo aprobé pero justito. 

No he hecho fotos en clase, pero en fin, ya sabéis quién soy ;P

Nuestra profesora se llama Mónica, es joven y maja y me recuerda muchiiiisimo físicamente a mi amiga Ari (¡un beso, merita!). Lo mejor del curso es que te regalan los libros y que además de gramática nos enseñan un poco de historia, geografía y flora y fauna de las islas, por no hablar de que nos llevan de excursiones varias y eso siempre mola. Quitando que a veces parecemos retrasaditos intentando practicar la pronunciación, creo que de momento estamos avanzando bastante rápido.

Como la resi está a unos 25 minutos andando de la uni no queda más remedio que comer en la cantina, pero la repetición y pesadez de los platos nos ha ido forzando a comprarnos tupers y traernos la comida de casa. Eso sí, nos siguen asombrando los precios: ¡mi té con leche del almuerzo cuesta tan sólo 0’30€! A veces nos da hasta vergüenza pagar tan poco por las cosas…pero enseguida se nos pasa, que para algo somos españoles ;P

Como veis las clases ocupan la mitad de nuestros días, así que el tiempo libre de esta semana lo hemos ocupado básicamente en poner lavadoras (hablaré de su funcionamiento en un post monográfico sobre la resi), hacer deberes, tomarnos algo en algún bar en cuanto sale un rayo de sol o reunirnos en las distintas salas comunes de los bloques.

Tomando algo en la marina. Yo soy eso que asoma por la esquina derecha, aún no dominamos el palo de selfies xD

Por supuesto en medio de esta recién adquirida “rutina” buscamos excusas de todo tipo para montar fiestecillas, pero no llegamos al nivel de los Erasmus, que me tuvieron el martes mirando el techo hasta las tantas de la mañana porque estaban de despedida y decidieron poner la música a un volumen digno de Spook en sus mejores tiempos. Doy gracias al señor que inventó los tapones para los oídos, porque si no no habría tenido más remedio que matarlos a todos.

Lo curioso es que tenemos un edificio entero, enorme y semivacío al que llamamos “el Titanic” por la forma que tiene, que en teoría está a disposición de todo el mundo para montar follón sin molestar a los que quieran estudiar o dormir; pero por alguna extraña razón justo el martes que había despedida Erasmus decidieron cerrarlo a las 00:00 y por eso trasladaron la rave a mi bloque, aunque se oía como si la hubiera trasladado a mi cama. No todo en la vida de la resi iban a ser ventajas…

Por si acaso nos pasaba lo mismo y nos quedábamos sin sitio a mitad selebreison, ayer decidimos reservar en el restaurante “O galego” (manda huevos, venirse a las Azores para esto) por el cumple de Sam, nuestro belga más internacional, ya que habla perfectamente inglés, francés, español y portugués, y encima es simpático. Vamos, un asco de tío. A la cena fuimos 25, y cenamos unos filetones estupendos y vino en cantidad por tan solo 10€ por persona. Además para redondear la noche el dueño del restaurante nos puso un karaoke de canciones portuguesas, así que ahí estuvimos, dándolo todo con canciones que no sólo no conocíamos de nada sino que además tenían letras que no comprendíamos…hasta que llegaron “Obsesión” de Aventura y el “Ai, se eu te pego” y echamos el resto. Otra noche surrealista para el recuerdo.

El rincón de las chicas y abajo el cumpleañero a punto de soplar las velas.

Obviamente con tanto cambio de tiempo, salidas y entradas estamos cayendo todos enfermos poco a poco, como en diez negritos. Yo de momento llevo tres días con pelotas de golf en la garganta y forrándome a antiinflamatorios, pero intento no perderme nada porque oye, tengo que vivir la experiencia, ¿no? Un besote enorme, os echo de menos pero estoy bien, ¡viva el whatsapp! Até breve!


domingo, 22 de febrero de 2015

Fim de semana


El fin de semana se ha pasado volando, la verdad. Lo bueno de vivir en una residencia es que siempre tienes alguien con quien quedar y además surgen planes de lo más variopinto. El sábado por la mañana me fui con unas cuantas chicas a conocer un poco mejor el centro. Otra cosa no, pero aquí pateamos como posesas. Aunque hay tres líneas de minibús y cada viaje sólo cuesta 0’35€, aun nadie ha probado este medio de transporte porque los horarios vienen a ser un poco “el bus pasará cuando le salga de los mismísimos” (y no le sale a menudo).

De la resi a las famosas Portas da cidade habrá unos 20 minutos andando, y justo al lado está la Igreja matriz de São Sebastião. Entramos a visitarla al acabar el servicio religioso pero enseguida vino un señor a decirnos que fechaba (cerraba) y no pude ver mucho más que el contraste de las paredes blancas con los altares laterales de madera oscura, casi negra. Sin duda volverémos otro día para verla mejor.



Después buscamos un sitio para comer, pues aquí suele hacerse alrededor de las 13:00, y pude probar la bifana, que viene a ser un filete de cerdo muy fino, condimentado y hecho a la plancha. Estamos todos bastante alucinados de lo barato que es todo, por ejemplo mi menú de con patatas y cerveza costó 4€. Está claro que no comimos en el Bulli, pero oye, estaba todo rico y el sitio era mono.


Para bajar la comida, decidimos caminar un rato por el paseo marítimo a ver qué nos encontrábamos y nos llevamos una sorpresa al ver una especie de fortificación que resultó ser el Castelo de São Brás, ahora utilizado como museo militar. No entramos a visitarlo porque nos dijeron que los domingos era gratis, y además no veía a las demás muy motivadas, pero sé de alguien a quien le habría encantado y pienso ir a verlo aunque sea yo sola :)


Seguimos caminando porque estábamos empeñadas en ver alguna playa, pero lo que encontramos fue un montón de pedruscos negros (os recuerdo que las Azores son islas volcánicas) no aptas para plantar la toalla. Como podéis ver en la foto, los portugueses tienen un don especial para el Street Art, encuentras manifestaciones artísticas en todo tipo de superficies y por toda la ciudad.

A nuestro grupo se fue añadiendo y retirando gente durante toda la tarde, aquí las cosas van así: si te encuentras a un español solo por la calle le hablas, le preguntas por su historia y acabas intercambiando teléfonos para quedar. Como estamos todos sozinhos (solitos) es como que se despierta cierto espíritu de “germanor”, todo el mundo está abierto a conocer gente nueva.


Por la noche queríamos probar un poco el ambiente de fiesta, pero no es tan fácil como parece. Había mucha gente por la calle, de hecho la mayoría de los sitios estaban llenos y claro, siendo unas 18 personas cuesta un poco más hacerse hueco. Al final a base de preguntar por la calle nos recomendaron que fuéramos a la marina (el puerto) y lo que nos encontramos fue una gran terraza lleeena de gente tomando algo. No había música ni ambiente de marcha, sólo grupos de charreta, la mayoría compuestos por hombres. He de decir que casi todo lo que ves por la calle generalmente son hombres mayores, y que de hecho tienen todos una pinta horrible, como de haber estado en la cárcel al menos dos veces en su vida. Lo bueno del bar de la marina fueron de nuevo los precios: 3€ el cubata y 4€ el cóctel, pero ¡cuidado! Si pides cerveza importada tipo Paulaner te cobran 5€ por medio litro.

Decididos a bailar, unos pocos valientes (la mayoría españoles) seguimos callejeando a la búsqueda de un pub o discoteca decente, y finalmente lo encontramos: A Refinaria, una especie de cueva donde había un grupo de rock en directo, pintas a 2€ y un ambiente de buen rollo generalizado. La banda era muy buena y tocaron versiones de canciones muy conocidas, y además la música estaba tan alta que no podíamos más que bailar. Nos lo pasamos realmente bien hasta que cerraron a las 3:30, y ahí vino la parte dura de volver andando hasta la resi, peeero lo compensamos comiendo nutella hasta las 5:30 de las mañana en una de las salas comunes. No sabría ni deciros a cuánta gente nueva conocimos esa noche, pero para que os hagáis una idea en la sala común se nos unió una portuguesa vestida de tuna que apareció de la nada y empezó a hacer hidalgos de whisky con uno de los belgas. Este tipo de cosas surrealistas son las que recordaré en el futuro como experiencias maravillosas, estoy segura.


Obviamente a las 10:30 de la mañana hemos ido enviando y recibiendo whatsapps y sms de: “buah, creo que me voy a quedar durmiendo”, y de hecho se han suspendido hasta tres de los planes que habíamos pensado para hoy. Más bien nos hemos dedicado a vaguear por la resi reuniéndonos de un bloque a otro hasta que se nos ha ocurrido que el día pedía a gritos cine con palomitas. Así que nos hemos ido al centro comercial Parque Atlántico (algo más de media hora andando por unas maravillosamente empinadas cuestas) a ver Ascensão de Jupiter. Lo bueno es que aquí ponen todas las pelis en versión original subtitulada en portugués, y además las entradas valen sólo 5€ y eso por ser fin de semana, ¡¡si no nos habría costado sólo 4€!! Los combos no son tan baratos, pero están bien de precio: refresco y pipocas (palomitas) pequeñas por 3’5€, y te las sirven en unas bolsas de papel muy graciosas. Lo que sí que no me ha gustado es que la cola para comprar las entradas y las palomitas es la misma y eso retrasa mucho el asunto. Ah, eso y que a mitad película (que tampoco es tan larga) hicieron un "intervalo" de 10minutos...deben tener la vejiga pequeña...

En fin, voy a la sala común a ver si pillo wifi para subir este post y a mimir, que mañana empezamos las clases de portugués a las 9:00. Llamadme friki, pero realmente ¡me apetece mucho! Boas noites a tudos! Beijos! (En especial a mi sobri que hoy ha empezado a decir mamá...ains!).

viernes, 20 de febrero de 2015

Meu primeiro dia



Bueno, pues el primer día como podéis imaginaros, está siendo agotador. Tengo una especie de jet lag absurdo que va a convertir el salir a tomarme una cervecita esta noche (¡viernes!) en un acto de puro heroísmo.

Ayer llegué al aeropuerto de Ponta Delgada sobre las 14:00 (hora local, recordad, dos horas menos que en Spain) y allí fui asaltando a toda aquella jovencilla que veía con la misma pinta de despistada que yo al grito de: “¿Eurodisea?”. De este modo acabamos reuniéndonos seis: dos españolas, una croata y tres gabachas. Cualquier día me dedico a la trata de blancas. Enseguida vino Celia, de la organización, a recogernos y llevarnos a la resi.


Tras rellenar todo tipo de formularios y firmar un contrato de responsabilidad sobre la habitación, las toallas, las sábanas y las mantas, a la pobre croata le tocó ir en representación de todas nosotras a la uni a pagar los 100€ de fianza sin los cuales no nos entregaban las llaves de las habitaciones. Mientras tanto nos dedicamos a curiosear la residencia y socializar con unos dos millones de personas de los cuales recuerdo como diez nombres tirando por lo alto. 

Una vez instaladas y con el equipaje desecho nos enfrentamos a un tema importante: ¿dónde está el supermercado más cercano y qué necesito comprar? Pues cosas tan simples como el papel higiénico o platos y cubiertos de plástico resultan de lo más imprescindibles en esta residencia (os hablaré de cómo funcionan por aquí las cosas otro día), por no hablar de algo que cenar, comer y desayunar. 

Por suerte el problema de la cena se nos quitó rápidamente de encima, porque la gente de nuestro bloque (bloco 3) organizó una especie de cena de bienvenida para los nuevos Erasmus y nos invitaron también a mí y otras dos de las chicas que llegaron conmigo. De momento no voy a dar nombres para no marear, que bastante lío llevo ya yo xD El tema es que un solo chico portugués se encargó de cocinar pasta para nada menos que 27 personas y aun por encima resultó estar buena y sobró. Bueno, el tema es ese y que como aquí son todo yogurines se consideró imprescindible el kalimotxo para nuestra recepción (cara sorprendida con los ojos muy abiertos). 


Obviamente ese último esfuerzo de socializar en inglis me remató y a la 1:00 ya me fui a la cama, porque además hoy teníamos el welcome meeting a las 10:00. Nos hemos juntado un grupete de becarios en la puerta de la resi para perdernos acompañados buscando la oficina Eurodisea, y así he conocido a unos cuantos más. Lo que más me llama la atención es que hay muchísimos españoles pero soy la única valenciana, todos los demás vienen de Cataluña o de Murcia ¡Debería haberme traído la fallera calavera para instruirlos en nuestra cultura! 

La welcome meeting esta ha servido para darnos cuenta de que somos un huevo (he contado 35 y creo que me he dejado a alguno), para explicarnos cuatro cosas de fechas de próximos eventos como la primera clase de portugués o la comida de bienvenida, y para que nos llevaran a pagar no sé qué tasa para poder abrirnos una cuenta en un banco portugués la semana que viene. Bueno, para eso y para darnos un welcome pack con cosas tan imprescindibles como un mapa y una guía de San Miguel, un tarrito de mermelada de piña y un broche de una flor hecha con escamas de pez (adjunto foto-prueba del delito). Inútil pero bonico, jaja!


Después unos cuantos hemos ido a conocer el campus para situarnos y para comer en la cantina, que tiene menuses asequibles (3’90 por dos platos, postre y bebida). Así hemos probado el famoso caldo verde y algo con aspecto de croqueta y salsa piri piri picante. No contentos con el pateo mañanero, hemos decidido buscar un centro comercial para comprar tarjetas telefónicas portuguesas… ¡en qué mala hora! Cuando preguntas todo está a cinco minutos, pero suele ser incierto y además en cuesta, por no hablar del tamaño tiniwini de las aceras, que te obligan a caminar entre los coches la mayor parte del tiempo.

Lo bueno de todo esto es que hemos conseguido una super tarifa con la compañía MEO (not kidding, se llama asín): 10 GB y llamadas y mensajes gratis entre MEOs por 7’5€. Por lo visto se trata de una promo y sólo se mantienen esas condiciones durante el primer mes, luego ya te cobran 5€ por 2GB y las llamadas se pagan aparte. Hay Erasmus en la resi que llevan cambiándose de número de móvil cada mes desde que llegaron en septiembre sólo para mantener los diez gigas…yo ya veré lo que hago el mes que viene, pero de momento estoy muy contenta teniendo internet como las personas humanas.

En fin, que me enrollo mucho y tengo que ir haciéndome el ánimo de quitarme las pantuflas y salir a tomar algo…Ah, y prometo poner más fotos en las próximas entradas, es que de momento voy tan de acá para allá que no me acuerdo ni de sacar la cámara, ¡verwensa sobre mi cabeza! ¡Un beso enorme, nos vemos en las redes!