lunes, 29 de junio de 2015

São Pedro e São João

Acabo de ser repentinamente consciente de que:

1-      En dos días llegan los nuevos Eurodisea a Horta (otra valenciana para el acuario y un belga para el DOP).

2-      En cuatro días llegan mi madre y mi hermana de visita (¡yujuuuu!).

Así que más me vale actualizar ahora, que vengo cargadita de fiestas memorables, porque me temo que luego tendré poco tiempo libre.

Veamos, la semana comenzó con la bonita sorpresa de que el miércoles era festivo, con lo cual me encontré de pronto con que podía celebrar San Juan con nocturnidad, alevosía y completa tranquilidad. Por lo visto es una fiesta bastante importante en Portugal, sobre todo en la parte continental, pero aunque aquí también se hacen hogueras y sardinhadas, las celebraciones (que varían según la zona) no suelen estar relacionadas con el mar y los chapuzones nocturnos. Precisamente debido a una sardinhada de graça (o sea, gratis), decidimos ir al bar La Fábrica, en Porto Pim; pero a pesar de que allí nos encontramos con mucha gente conocida, el ambiente general era como muy de tranquis y no dudamos en aceptar boleia cuando unos amigos nos ofrecieron ir a la fiesta que se celebraba en la Caldeira. Ésta no se diferenciaba mucho de una verbena media azoriana: puestos de comida y bebida, luces y una orquesta que toca canciones para bailar en pareja (la famosa balerica, que les tiene casi tan locos como las chamarritas, las cuales vienen a ser lo mismo pero en círculo y con un señor gritando la coreografía). La novedad era una hoguera del tamaño de un tipi indio allí puesta en medio del bosque. Comprobado el ambiente y tras un par de cervezas, decidimos volver a nuestro punto de origen para ver si la cosa se animaba.

Horta à la nuit. No tengo fotos de la noche de San Juan.
Cuál no sería nuestra sorpresa al encontrarnos a la vuelta con que al acabar su actuación el grupo musical tipo chill out, las masas enfervorecidas (tras acabar con todas las existencias de cerveza y pasarse a los licores autóctonos) habían tomado el local al asalto y decidido que la animación musical corría por su cuenta: djembés, botellas de vidrio y fuentes de acero para el horno, cualquier cosa servía para armar barullo. Tras varios avisos suplicantes del dueño del bar diciendo que la hora de cierre se había pasado hacía tiempo, y un no tan breve tira y afloja,  unos cuantos nos dirigimos a la playa para intentar acabar la noche “a la española”. La idea en principio era encender una mini hoguera para quemar deseos y recordar el hogar, pero lo que empezó con un clínex acabó con unas ramas y cuando me quise dar cuenta eran casi las 7 de la mañana y estaba desayunando pasta con el italiano y otro chico más que cayó derrumbado de sueño en el suelo de nuestra cocina ¿Y en medio? Canciones y bailes alrededor de la hogera, bajo un cielo estrellado. Una de las mejores noches de San Juan que recuerdo.

Como ya he avisado de que este post iba de fiestas, voy a dejarme de acuarios y leches y pasar directamente al finde. El viernes hicimos una cena en casa con nuestras amigas las guiris locas porque una de ellas, Tara, se volvía el sábado a su Bélgica natal. La presión era mucha porque la última vez que nos invitaron a su casa, un amigo había pescado cinco vejas (unos peces de aquí) enormes y una buena cantidad de lapa burra y nos pusimos las botas con un montón de comida fresca y deliciosa. Así que cocinamos unos cuantos platos para no dejar a nuestros invitados con hambre y ellos trajeron unas cuantas botellas y una caja (de cartón, de tres litros y con grifito, aquí es muy típico) de vino para que no pasáramos sed. Nos lo pasamos genial porque ellas son geniales y de casa fuimos al Clube Naval y a la disco Barão para terminar la noche…una buena despedida para la princesa belga ;)

Post cenita en casa. No, no me he quemado, es la luz.
Aunque el sábado me costaba moverme y no podía ni con mi alma, una serie de siestas encadenadas me permitieron recargar la energía suficiente para ir a una fiesta en un barco en tierra. Sí, a lo Chanquete pero más cool. La excusa para la fiesta era el día de San Pedro, nombre del dueño del barco; y, como ya viene siendo habitual por aquí, el anfitrión sólo pedía en su invitación abierta de Facebook que trajéramos nuestra mejor sonrisa y opcionalmente algo para beber. Aunque ya me habían hablado de este barco anclado cerca de la Praia da Fajã, aún no había tenido ocasión de visitarlo por su lejanía, pero lo que encontré superó mis expectativas con creces. El barco no es que sea muy grande, pero tiene un sofá, una cocinita, un dormitorio y un cuarto de baño, todo la mar de apañao. Para entrar al terreno tienes que cruzar la cubierta del barco y bajar unas escaleritas, y apareces en una especie de jardincillo cuya toda construcción es un círculo de troncos de madera alrededor de una hoguera; pero habían montado una especie de toldo bajo el cual había unos micrófonos y altavoces para los músicos, una especie de barbacoa que trabajaba sin cesar y una mesa y unas neveritas de las de playa llenas de comida deliciosa y brebajes variados.

Debíamos ser unas 50 personas, y el ambiente era tan guay que ni la lluvia (¡yeah, viva el clima azoriano!) nos echó de allí hasta pasadas unas cuantas horas…y no fue para irnos a casa sino para bajar a la verbena de San Pedro que se celebraba en una plaza frente al mar. Lo que al principio parecía la verbena tipo con sus balericas y todo lo ya anteriormente especificado, se convirtió de repente en una neon-party. De guateque a rave en 0’4 segundos… ¿cómo? Pues cambiando la orquesta por un dj, apagando las guirnaldas de lucecillas para encender unas luces negras y empezando a tirar pintura fluorescente y a encender bengalas. Lo más normal del mundo, vamos. Y sin olvidarnos de la lluvia, que iba y venía de manera intermitente pero no leve. Fue una noche de lo más surrealista, en la que me sentí como uno de los protagonistas de The Walking Dead, mi aquarius y yo rodeados de zombies ¡Faial está lleno de sorpresas, y la mayoría son buenas!

Momento bengala en medio de la neon-party. Locura.
De vuelta en casa, con algo de pintura en la frente. La peor parte se la llevó mi chaqueta...

Y nada, esta vez tenía mucho que contar pero pocas imágenes que mostrar, supongo que sabréis comprender ;) La próxima vez os hablaré de mis super visitas, ¡julio va a ser un mes genial! ¡Beijinhos a todos, ya queda menos para vernos!

jueves, 25 de junio de 2015

Fazendo…coisas

Pues nada, que soy lo peor y aunque dije que actualizaría el blog, últimamente no he encontrado ni tiempo ni ganas para hacerlo, sorry pero es que he estado haciendo…cosas, de todo un poco. Y conforme el tiempo pasa se me hace más complicado contarlo todo sin omitir detalles importantes, así que: ¿preparados para un repaso a lo micromachine?

A ver, al final del último post os hablé de festejos varios para celebrar el número 100 de una revista cultural. Pues bien, esa revista se llama Fazendo (os enlazo con su Facebook para que veáis las cosas molonas que hacen) y una de las catalanas está haciendo su Eurodisea allí como maquetista y diseñadora. Durante una semana tuvimos desde charlas con cóctel, hasta subastas de arte, pasando por fiestas en el puerto con payasos y todo ;P ¡Apoyemos la cultura, meninos!

Momentos de la fiesta de Fazendo en la marina.
También adelanté que Norberto había hecho otra de sus famosas cenas en la scubarraca por motivo, nada más y nada menos, del NUEVO TOLDO para sobrellevar mejor los rayos del sol veraniego (que aparece cuando quiere y normalmente de manera insospechada). Ha pasado tanto tiempo que desde entonces ya ha hecho otra más porque le picaba un pie, digooo porque alguien pescó un atún (creo, los motivos/excusas de sus macrofiestas nunca me quedan muy claros, pero ¿a quién le importa teniendo comida y bebida gratis?).

Con toda esta actividad, es inevitable hacer nuevos amigos, lo cual a su vez amplía el abanico de posibilidades salideras. Para empezar tenemos a nuestro nuevo compi de piso, Gerald (Jack en Faial, quién sabe por qué), un italiano muy majo que aun por encima es limpio y cocina, ¡yuju! Gracias a él hemos tenido nuestras primeras “madrugadas de pasta” de vuelta de alguna que otra fiesta, nada mejor para dormir como una reina y despertarse impecável.

Mis compis de piso y yo tomando algo en Porto Pim.
Por otro lado tenemos al maravilloso grupo de guiris locas, que viven todas juntas en una especie de casa de las Naciones Unidas. Parece un chiste pero allí viven una belga, una croata, una portuguesa y una india. Con ellas y un par de amigos más nos fuimos hace dos findes Marija y yo a Pico, en lo que fue la reconciliación definitiva con nuestros vecinos de isla. La portuguesa tiene una casa típica de piedra y madera en Prainha, que es de lo más acogedor y está completamente rodeada de verde en medio de la montaña pero a diez minutos andando de unas piscinas naturales excavadas en la roca. Vamos, que es el paraíso.

En el barco a Pico, brindando por una gran escapada.
Atardecer con Tara y Marija.
Mirando a Murcia con Pico (montaña) de fondo.
Además, alquilamos una furgoneta para movernos tranquilamente por la isla y la aprovechamos bastante. Aunque en principio debía tener nueve plazas, al final acabó siendo de seis y nos tocó ir turnándonos en la parte de atrás, pero eso no nos amargó la escapada. Estuvimos en Madalena, donde descubrimos al fin la discoteca; en São Roque, tomando algo en el mini Clube Naval; en la maravillosa piscina natural de Calheta de Nesquim; en Lajes do Pico para saludar a los padres de un amigo y en mil sitios extraordinarios que nos íbamos encontrando por el camino. No sólo vimos paisajes preciosos, sino que además fue una gran experiencia llena de risas y charlas sin prisa ninguna. Desconexión total, que falta hace muchas veces.

Con Diya y Meri en la playa de arenas negras de Prainha.
Casi todos juntos en uno de los miradores más acojonantes que hes visto en mi vida.
Mis chicas en la piscina de Calheta de Nesquim.
Y ahora os imagino haciéndoos la pregunta de siempre: ¿pero esta chica ha ido allí a trabajar? Pues sí, lo juro, y de hecho la semana pasada me dejé literalmente el culo en ello. Los que me conocéis bien sabéis lo patosa que soy y en fin, trabajando cerca del agua ya estaba tardando en ocurrir…me resbalé en una rampa mojada y cubierta de algas mientras ayudaba a recoger unos peces y he tenido el culo morado casi una semana, pero no hay muchos más daños que lamentar aparte del infringido a mi dignidad (que tampoco tengo mucha ya, la fuerza de la costumbre). El resto más o menos como siempre, con alguna nueva adopción en el acuario y un envío que acabó en cozido en casa de uno de mis compis, ¡así da gusto!

En fin, queridos míos, que ya me quedan menos de dos meses en la ilha azul y voy planning en mano para hacer todo lo que me queda pendiente y alguna cosa más. En nada estoy ahí dando y recibiendo achuchones ¡Qué digo! ¡En NADA tengo visitas y achuchones de ultramar! La vida de expatriada es dura pero ayuda a valorar mucho más lo que se tiene en casa… ¡así que a quererse mucho y a viajar!

Y ésta de regalo para que mi madre vea que no sufro tanto xD

lunes, 8 de junio de 2015

O vezinho Pico

Hace mucho que no actualizo pero es que he ido un poco liada de acá para allá, así que para no soltaros el tocho del siglo de golpe intentaré escribir un par de entradas esta semana con lo que he ido haciendo. Para empezar, después de las fiestas por la Virgen de las Angustias vinieron las fiestas del Espíritu Santo (aquí, como en España, casi todas las festividades tienen un origen religioso).  Ya que nos dijeron que las celebraciones eran más a lo grande en Pico, allá que nos fuimos mi compi de piso Rosa y yo. Al llegar nos encontramos, como ya me había pasado en mi primer contacto con nuestra isla vecina, que al ser festivo las calles de Madalena estaban desiertas. Pero que ni un alma, vamos. Incluso nos costó un buen rato encontrar un taxi que nos llevara a São Roque, donde queríamos al menos ver el museo da baleia. Aprovecho para deciros que no hagáis esto nunca, lo de coger un taxi en Pico es de principiantes porque hay un bus (de horario reducido) pero sobre todo porque es muy fácil conseguir boleia (o sea, hacer autostop). Nosotras después de 20 minutos y 18€ llegamos a nuestro destino para encontrarnos, por supuesto, que el museo estaba cerrado.

La fábrica de baleia perfectamente cerrada.
Teníamos un mapa de la isla que nos habíamos agenciado en la oficina de turismo de la estación de ferries de Madalena, pero (como ya viene siendo habitual por aquí) las atracciones turísticas marcadas eran cosas tales como la comisaría de policía o un parque infantil. Quería aprovechar para hacer una mención especial al capullo que nos atendió en la susodicha oficina, cuya respuesta cuando le pregunté sobre dónde podíamos ver las celebraciones del Espíritu Santo fue: “Pues por la calle, en todas partes, si esto se celebra en todas las islas de las Azores”, mientras se encogía de hombros y nos miraba con hastío. Conforme recorríamos calles y calles vacías nos acordamos de él y de sus antepasados varias veces.

Rosa y yo encantadas con el $&%# parque infantil...
Finalmente, entramos en un bar a preguntar y nos dijeron que a unos 20 minutos de allí QUIZÁS podríamos encontrar el final de la procesión del emperador de las fiestas. Lo del emperador suena raro, pero en cada freguesía o barriada hay uno (siempre hombre, esto es como lo de las falleras mayores pero a la inversa), que por promesa religiosa reza el rosario en familia durante ocho semanas después de Pascua y el día de su coronación invita a comer a toda la freguesía después de la procesión. Mosqueadas y recelosas, nos pegamos la caminata bajo el sol, pero cuando ya casi habíamos perdido toda esperanza tras minutos y minutos sin ver un alma por la calle, oímos música y fue casi casi como hallar agua en el desierto. Lo que encontramos fue un gran grupo de gente esperando a la entrada de lo que parecía una nave industrial, y entre que estaban todos parados de charreta y que yo ya estaba desesperada por hacer que nuestra excursión valiera la pena, me lancé hacia adentro esperando encontrar un altar con la corona y el cetro…pero lo que me encontré fueron mesas preparadas con comida para nada menos que 1200 personas…jarl! Rosa y yo no dábamos crédito, así que preguntamos a una señora que pasaba por ahí cómo funcionaba el asunto y nos dijo que tomáramos asiento, que todo el mundo era bienvenido. Y nada, cogimos sitio antes que nadie al pie de la mesa del emperador porque, sin saberlo, nos habíamos pegado la colada del siglo, y a continuación nos pusimos las botas a base de sopa de pan, cocido, guiso de ternera y arroz doce (arroz con leche).

Frente a la corona y el cetro del emperador.
Una pequeña muestra de la cantidad de gente que había.
Las viandas que comimos por la cara.
Reconciliadas ya con Pico, volvimos paseando tranquilamente hasta el Clube Naval, donde dos amigas que estaban de senderismo por la isla, nos recogieron con una furgoneta para ir a por otros eurodisea al puerto. Ya todos juntos en la cajuela, nos dirigimos a Santa Luzia para ver la bendición de los bolos, y ya de paso llevarnos unos cuantos. Para redondear el día de hospitalidad Piquense, Rosa y yo fuimos de boleia con un matrimonio mayor a coger el barco a Horta, agotadas pero felices con nuestro botín.

Viajando en la parte de atrás de la camioneta.
Los panes benditos de Santa Luzia.
El lunes siguiente, saliendo de trabajar, nos encontramos con la sorpresa de que el imperio (las pequeñas capillas dedicadas al Espíritu Santo que sólo se abren una vez al año y custodian el cetro y la corona del emperador) del Peter’s Café estaba abierto y habían plantado un pequeño escenario donde tocaba una banda de música (me sentí muy “Valencia en fallas”) mientras se subastaban pasteles y se regalaba a los viandantes trozos de massa sovada, vino y zumos. Lo siento pero por más que lo intente no puedo imaginarme tal despliegue de comida gratis en España, cuna de gorrones entre los que me incluyo.

Para terminar de aumentar mi estima hacía nuestros vecinos, volví a Pico el fin de semana siguiente para hacer mi clase de refresh de buceo, ya que me saqué el título hace seis años y desde entonces casi no he hecho inmersiones. A pesar del madrugón (cogimos el barco de las 7:30 de la mañana) y de mi lucha a muerte contra el traje de neopreno (que gané gracias a la ayuda de un bote de jabón líquido), la experiencia valió totalmente la pena, ya que no sólo me sentí segura realizando todos los ejercicios bajo el agua, sino que además vi prácticamente todos los pececillos que tenemos en el acuario pero en tamaño maxi ¡cómo molan las Azores!

Bajo el agua con mi instructor.
Y una vez dejado claro que ya me ajunto con la isla con la montaña más alta de todo Portugal,  paro de contar porque si no os mareo. Sólo diré que quedan pendientes para la próxima entrada las fiestas relacionadas con el número 100 de una revista cultural y con la colocación de un toldo nuevo en la marina. Ahí os lo dejo xD