Hace mucho que
no actualizo pero es que he ido un poco liada de acá para allá, así que para no
soltaros el tocho del siglo de golpe intentaré escribir un par de entradas esta
semana con lo que he ido haciendo. Para empezar, después de las fiestas por la
Virgen de las Angustias vinieron las fiestas del Espíritu Santo (aquí, como en
España, casi todas las festividades tienen un origen religioso). Ya que nos dijeron que las celebraciones eran
más a lo grande en Pico, allá que nos fuimos mi compi de piso Rosa y yo. Al
llegar nos encontramos, como ya me había pasado en mi primer contacto con
nuestra isla vecina, que al ser festivo las calles de Madalena estaban
desiertas. Pero que ni un alma, vamos. Incluso nos costó un buen rato encontrar
un taxi que nos llevara a São
Roque, donde queríamos al menos ver el museo
da baleia. Aprovecho para deciros que no hagáis esto nunca, lo de coger un
taxi en Pico es de principiantes porque hay un bus (de horario reducido) pero
sobre todo porque es muy fácil conseguir boleia
(o sea, hacer autostop). Nosotras después de 20 minutos y 18€ llegamos a
nuestro destino para encontrarnos, por supuesto, que el museo estaba cerrado.
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| La fábrica de baleia perfectamente cerrada. |
Teníamos un
mapa de la isla que nos habíamos agenciado en la oficina de turismo de la
estación de ferries de Madalena, pero (como
ya viene siendo habitual por aquí) las atracciones turísticas marcadas eran
cosas tales como la comisaría de policía o un parque infantil. Quería aprovechar
para hacer una mención especial al capullo que nos atendió en la susodicha
oficina, cuya respuesta cuando le pregunté sobre dónde podíamos ver las
celebraciones del Espíritu Santo fue: “Pues por la calle, en todas partes, si
esto se celebra en todas las islas de las Azores”, mientras se encogía de
hombros y nos miraba con hastío. Conforme recorríamos calles y calles vacías
nos acordamos de él y de sus antepasados varias veces.
Finalmente,
entramos en un bar a preguntar y nos dijeron que a unos 20 minutos de allí QUIZÁS
podríamos encontrar el final de la procesión del emperador de las fiestas. Lo del
emperador suena raro, pero en cada freguesía
o barriada hay uno (siempre hombre, esto es como lo de las falleras mayores
pero a la inversa), que por promesa religiosa reza el rosario en familia durante
ocho semanas después de Pascua y el día de su coronación invita a comer a toda
la freguesía después de la procesión.
Mosqueadas y recelosas, nos pegamos la caminata bajo el sol, pero cuando ya
casi habíamos perdido toda esperanza tras minutos y minutos sin ver un alma por
la calle, oímos música y fue casi casi como hallar agua en el desierto. Lo que
encontramos fue un gran grupo de gente esperando a la entrada de lo que parecía
una nave industrial, y entre que estaban todos parados de charreta y que yo ya
estaba desesperada por hacer que nuestra excursión valiera la pena, me lancé
hacia adentro esperando encontrar un altar con la corona y el cetro…pero lo que
me encontré fueron mesas preparadas con comida para nada menos que 1200
personas…jarl! Rosa y yo no dábamos crédito, así que preguntamos a una señora
que pasaba por ahí cómo funcionaba el asunto y nos dijo que tomáramos asiento,
que todo el mundo era bienvenido. Y nada, cogimos sitio antes que nadie al pie
de la mesa del emperador porque, sin saberlo, nos habíamos pegado la colada del
siglo, y a continuación nos pusimos las botas a base de sopa de pan, cocido,
guiso de ternera y arroz doce (arroz con
leche).
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| Frente a la corona y el cetro del emperador. |
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| Una pequeña muestra de la cantidad de gente que había. |
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| Las viandas que comimos por la cara. |
El lunes
siguiente, saliendo de trabajar, nos encontramos con la sorpresa de que el
imperio (las pequeñas capillas dedicadas al Espíritu Santo que sólo se abren
una vez al año y custodian el cetro y la corona del emperador) del Peter’s Café
estaba abierto y habían plantado un pequeño escenario donde tocaba una banda de
música (me sentí muy “Valencia en fallas”) mientras se subastaban pasteles y se
regalaba a los viandantes trozos de massa
sovada, vino y zumos. Lo siento pero por más que lo intente no puedo
imaginarme tal despliegue de comida gratis en España, cuna de gorrones entre
los que me incluyo.
Para terminar
de aumentar mi estima hacía nuestros vecinos, volví a Pico el fin de semana
siguiente para hacer mi clase de refresh
de buceo, ya que me saqué el título hace seis años y desde entonces casi no he
hecho inmersiones. A pesar del madrugón (cogimos el barco de las 7:30 de la
mañana) y de mi lucha a muerte contra el traje de neopreno (que gané gracias a
la ayuda de un bote de jabón líquido), la experiencia valió totalmente la pena,
ya que no sólo me sentí segura realizando todos los ejercicios bajo el agua,
sino que además vi prácticamente todos los pececillos que tenemos en el acuario
pero en tamaño maxi ¡cómo molan las Azores!
Y una vez
dejado claro que ya me ajunto con la isla con la montaña más alta de todo
Portugal, paro de contar porque si no os
mareo. Sólo diré que quedan pendientes para la próxima entrada las fiestas
relacionadas con el número 100 de una revista cultural y con la colocación de
un toldo nuevo en la marina. Ahí os lo dejo xD








¡Pero qué despliegue festivalero! ¡Y aún queda más, wauuuu! Disfruta al máximo y sigue haciendo esos selfies tan estupendos, nos mola verte y leerte! Besoteeee
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