lunes, 8 de junio de 2015

O vezinho Pico

Hace mucho que no actualizo pero es que he ido un poco liada de acá para allá, así que para no soltaros el tocho del siglo de golpe intentaré escribir un par de entradas esta semana con lo que he ido haciendo. Para empezar, después de las fiestas por la Virgen de las Angustias vinieron las fiestas del Espíritu Santo (aquí, como en España, casi todas las festividades tienen un origen religioso).  Ya que nos dijeron que las celebraciones eran más a lo grande en Pico, allá que nos fuimos mi compi de piso Rosa y yo. Al llegar nos encontramos, como ya me había pasado en mi primer contacto con nuestra isla vecina, que al ser festivo las calles de Madalena estaban desiertas. Pero que ni un alma, vamos. Incluso nos costó un buen rato encontrar un taxi que nos llevara a São Roque, donde queríamos al menos ver el museo da baleia. Aprovecho para deciros que no hagáis esto nunca, lo de coger un taxi en Pico es de principiantes porque hay un bus (de horario reducido) pero sobre todo porque es muy fácil conseguir boleia (o sea, hacer autostop). Nosotras después de 20 minutos y 18€ llegamos a nuestro destino para encontrarnos, por supuesto, que el museo estaba cerrado.

La fábrica de baleia perfectamente cerrada.
Teníamos un mapa de la isla que nos habíamos agenciado en la oficina de turismo de la estación de ferries de Madalena, pero (como ya viene siendo habitual por aquí) las atracciones turísticas marcadas eran cosas tales como la comisaría de policía o un parque infantil. Quería aprovechar para hacer una mención especial al capullo que nos atendió en la susodicha oficina, cuya respuesta cuando le pregunté sobre dónde podíamos ver las celebraciones del Espíritu Santo fue: “Pues por la calle, en todas partes, si esto se celebra en todas las islas de las Azores”, mientras se encogía de hombros y nos miraba con hastío. Conforme recorríamos calles y calles vacías nos acordamos de él y de sus antepasados varias veces.

Rosa y yo encantadas con el $&%# parque infantil...
Finalmente, entramos en un bar a preguntar y nos dijeron que a unos 20 minutos de allí QUIZÁS podríamos encontrar el final de la procesión del emperador de las fiestas. Lo del emperador suena raro, pero en cada freguesía o barriada hay uno (siempre hombre, esto es como lo de las falleras mayores pero a la inversa), que por promesa religiosa reza el rosario en familia durante ocho semanas después de Pascua y el día de su coronación invita a comer a toda la freguesía después de la procesión. Mosqueadas y recelosas, nos pegamos la caminata bajo el sol, pero cuando ya casi habíamos perdido toda esperanza tras minutos y minutos sin ver un alma por la calle, oímos música y fue casi casi como hallar agua en el desierto. Lo que encontramos fue un gran grupo de gente esperando a la entrada de lo que parecía una nave industrial, y entre que estaban todos parados de charreta y que yo ya estaba desesperada por hacer que nuestra excursión valiera la pena, me lancé hacia adentro esperando encontrar un altar con la corona y el cetro…pero lo que me encontré fueron mesas preparadas con comida para nada menos que 1200 personas…jarl! Rosa y yo no dábamos crédito, así que preguntamos a una señora que pasaba por ahí cómo funcionaba el asunto y nos dijo que tomáramos asiento, que todo el mundo era bienvenido. Y nada, cogimos sitio antes que nadie al pie de la mesa del emperador porque, sin saberlo, nos habíamos pegado la colada del siglo, y a continuación nos pusimos las botas a base de sopa de pan, cocido, guiso de ternera y arroz doce (arroz con leche).

Frente a la corona y el cetro del emperador.
Una pequeña muestra de la cantidad de gente que había.
Las viandas que comimos por la cara.
Reconciliadas ya con Pico, volvimos paseando tranquilamente hasta el Clube Naval, donde dos amigas que estaban de senderismo por la isla, nos recogieron con una furgoneta para ir a por otros eurodisea al puerto. Ya todos juntos en la cajuela, nos dirigimos a Santa Luzia para ver la bendición de los bolos, y ya de paso llevarnos unos cuantos. Para redondear el día de hospitalidad Piquense, Rosa y yo fuimos de boleia con un matrimonio mayor a coger el barco a Horta, agotadas pero felices con nuestro botín.

Viajando en la parte de atrás de la camioneta.
Los panes benditos de Santa Luzia.
El lunes siguiente, saliendo de trabajar, nos encontramos con la sorpresa de que el imperio (las pequeñas capillas dedicadas al Espíritu Santo que sólo se abren una vez al año y custodian el cetro y la corona del emperador) del Peter’s Café estaba abierto y habían plantado un pequeño escenario donde tocaba una banda de música (me sentí muy “Valencia en fallas”) mientras se subastaban pasteles y se regalaba a los viandantes trozos de massa sovada, vino y zumos. Lo siento pero por más que lo intente no puedo imaginarme tal despliegue de comida gratis en España, cuna de gorrones entre los que me incluyo.

Para terminar de aumentar mi estima hacía nuestros vecinos, volví a Pico el fin de semana siguiente para hacer mi clase de refresh de buceo, ya que me saqué el título hace seis años y desde entonces casi no he hecho inmersiones. A pesar del madrugón (cogimos el barco de las 7:30 de la mañana) y de mi lucha a muerte contra el traje de neopreno (que gané gracias a la ayuda de un bote de jabón líquido), la experiencia valió totalmente la pena, ya que no sólo me sentí segura realizando todos los ejercicios bajo el agua, sino que además vi prácticamente todos los pececillos que tenemos en el acuario pero en tamaño maxi ¡cómo molan las Azores!

Bajo el agua con mi instructor.
Y una vez dejado claro que ya me ajunto con la isla con la montaña más alta de todo Portugal,  paro de contar porque si no os mareo. Sólo diré que quedan pendientes para la próxima entrada las fiestas relacionadas con el número 100 de una revista cultural y con la colocación de un toldo nuevo en la marina. Ahí os lo dejo xD

1 comentario:

  1. ¡Pero qué despliegue festivalero! ¡Y aún queda más, wauuuu! Disfruta al máximo y sigue haciendo esos selfies tan estupendos, nos mola verte y leerte! Besoteeee

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