viernes, 27 de marzo de 2015

Olá Horta!


En mi última entrada os dejé a todos con la duda peluda de cómo había sido coger un avión tempranero después de una noche de fiesta. Pues bien, dejad de morderos las uñas porque finalmente revelaré el misterio: llegando tarde al aeropuerto. Sí mamá, no te pongas nerviosa pero el sábado me quedé dormida. Menos mal que llevas años dándome el coñazo con que al aeropuerto hay que ir dos horas antes del vuelo, porque así aunque me retrasé respecto a mis planes, no fue un desastre absoluto. Digamos que el vuelo salía 8:50, yo había quedado con algunos compis para coger un taxi a las 6:15…y a esa hora fue exactamente a la que me desperté, justo una hora después de que sonara mi alarma. Tras el susto inicial que me obligó a meter todo lo que quedaba esparcido por la habitación hecho un furruño en la maleta, y a vestirme sin ducharme ni ná, llegué al aeropuerto más o menos on time…aunque me tocó esperar porque obviamente el avión llevaba retraso. 

Los maravillosos aviones de hélices de Sata.
Los de Eurodisea se habían encargado de reservarnos un vuelo con Sata a la isla de Terceira con una maravillosa escala de siete horas antes de ir a Faial. Como podéis imaginaros, los aviones para viajar entre islas son chiquititos (o sea, no muy cómodos) y los aeropuertos también. Eso sumado a que estábamos todos agotados (yo dormí un par de horas, pero muchos iban de empalme de la noche anterior), nos hizo buscarnos planes alternativos para no morirnos del asco sentados en unas sillas de plástico durante medio dia. Así que me fui con mis futuros compis de piso y con otra chica más a ver Praia da Vitoria, una ciudad costera bastante mona y colorida. Allí nos dedicamos a arrastrarnos por las calles y nos sentamos a comer unos bocadillos deliciosos mirando el mar y deseando que las horas pasaran más rápido. Por supuesto cuando volvimos al aeropuerto nos encontramos con que, de nuevo, nuestro avión llevaba retraso. Welcome to Açores!

Mi cara de sueño en Praia da VItoria.
Cindy y Marija enloquecidas por el cansancio.
Tras mil horas sin descanso, me tocó poner cara de: “Estoy fresca como una rosa, no sé qué es eso del cansancio” porque mi jefe nos recogía en el aeropuerto. No sólo nos recogió, sino que, con las maletas en la fragoneta, nos llevó a cuatro de nosotras a ver un par de casas porque seguíamos sin alojamiento. Yo sé que lo hizo con toda la buena intención del mundo, pero de verdad que daban miedo no, lo siguiente (¡un beso, David!). Preocupadas y agotadas, decidimos reservar una habitación triple en una especie de hostal para pasar al menos la primera noche. Los otros seis del grupo ya tenían dónde quedarse, así que tras subir tres pisos con todo nuestro equipaje, fuimos al único sitio de la isla que conocíamos para tomar una birra y cenar algo: el famoso Peter’s Café, punto de encuentro imprescindible para los navegantes que cruzan el Atlántico.

Las características banderas náuticas del Peter's Café.
Al día siguiente, después de una reparadora noche de descanso, nos dirigimos a nuestra única cita para ver una casa en Horta con todos los dedos posibles cruzados para que valiera la pena… ¡y vaya si la valió, lo nuestro fue amor a primera vista y en diez minutos decidimos quedárnosla! Lo malo fue que la dueña quería adecentar la casa y nos tocó esperar hasta el martes para instalarnos finalmente. Mientras tanto nos repartimos en distintas casas de acogida, yo en concreto me quedé en casa de “los españoles”: Alba, Raquel y Manu. Como mi jefe es bastante enrollado, me dijo que no teníamos que ir a trabajar hasta que no estuviéramos totalmente instaladas, así que esos días hice poco más que deambular por los alrededores de mi casa de acogida y esperar ansiosa la llamada de la casera. 

Vistas desde mi casa de acogida.
El volcán de Pico en la distancia.
Aun así ya me di cuenta de que Horta, sí, es más pequeña y tiene menos actividad que Ponta Delgada, pero resulta mucho más agradable para vivir. Sus calles son más paseables (a pesar de las cuestas), el paisaje es más bonito, todo el mundo se conoce y da una sensación de confianza que en seguida te hace sentir como en casa. Por ejemplo descubrimos que hay un bar en la bahía de Porto Pim donde suele reunirse la gente cada día para ver el atardecer. Allí conocimos a unos cuantos españoles más o menos de nuestra edad y majísimos, y viendo el paisaje cervecita en mano pensé que podría acostumbrarme a esta vida muy fácilmente.

El atardecer en Porto Pim. El edificio blanco a la izquierda es el acuario.
Sobre la vida en nuestra casita ya os hablaré más adelante (soy la reina de los cliffhangers), pero os adelanto que estoy feliz, feliz, feliz y me siento muy afortunada. De hecho estoy tan emocionada con todo esto que ya me he pulido casi todos mis gigas del móvil haciendo Skype-tours por la casa, soy lope…

A nossa cozinha ^^
Vista "reversa" del salón.
En cuanto al curro de momento tengo poco que contar porque empezamos ayer, pero básicamente es en un acuario-estación de peces vivos, lo cual quiere decir que no es el típico acuario sino que sigue un concepto más sostenible y se van cambiando las especies en exhibición conforme se van devolviendo al mar. Es bastante pequeño, de hecho sólo trabajan allí mi jefe y tres chicos más, y además estas primeras semanas estaremos tres becarias juntas porque la otra empresa del jefe, de barcos con fondo de cristal, estará inactiva hasta el mes que viene o así. Por eso aparte de medir parámetros del agua, alimentar y aprender los nombres de los peces y ordenar el espacio de trabajo, no hemos hecho mucho de momento, pero el ambiente es muy bueno y ya nos han dicho que de cara al verano el trabajo se triplica.

Con mis chicos favoritos del acuario. El mero es como un perrete y te busca para que le acaricies.
A las puertas del acuario de Porto Pim con mi compi Marija.
Bueno me despido ya no sin antes deciros que ya nos han llegado las notas del examen de portugués y que nos ha ido fenomenal a todos ¡Muito bom! Ahora a practicar con los lugareños…muitos beijos para tudos! Até a segunda feira!

2 comentarios:

  1. ¡Pues tiene muy buena pinta la nueva isla! ¡Y la nueva casa! ¡Y los pececillos del curro! Me alegro de leer que estás feliz, feliz, feliz. Besotes y a seguir con nuevas experiencias, ¡mantennos al día! Muaks

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