Ays, pensaba
contaros cómo iba yendo el trabajo y la vida en Horta, pero he recibido tantas
visitas estos días con eso de las Pascuas que no me ha dado tiempo para
nada…Para empezar os diré que, contra todo pronóstico, hay vida en Horta. No es
que esté plagado de discotecas pero oye, al final siempre encuentras algo que
hacer por las noches, y la gente es tan guay que me estoy enamorando poco a
poco de este sitio.
Por ejemplo, nuestro
primer finde ya todos instalados decidimos hacer una cena Eurodisea para inaugurar
la casa. A lo tonto se nos hicieron las
tantas pero igualmente nos acercamos al “Festival
da Juventude”, que se celebraba por segundo año consecutivo en el pabellón
municipal. Cuando llegamos la dj no estaba precisamente luciéndose, pero bueno,
ambiente había y yo no llegué a mi casa hasta pasadas las 5:30.
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| Cle, Sophie, Sarah and Sam, you are great! Come back soon! |
Esa cena fue la
primera de muchas, pues aprovechando las vacaciones han venido a vernos desde
otras islas varias amigas, curiosamente todas gabachoparlantes. Esas visitas coincidieron
con la de mi madre y mi tía, que vinieron del 1 al 8 de abril, pero eso no
impidió que nos montáramos alguna que otra fiestecilla remember de Ponta
Delgada en el Clube Naval.
Aunque se
suponía que tenía que haber estado trabajando todos esos días de Pascua, mi
jefe es super enrollado y nos dio jueves por la tarde y viernes libres, y así
pude hacer más planes con mi family. No es que mi madre y mi tía no se las
apañaran perfectamente para recorrerse el pueblo y encontrar todo lo
susceptible de compra, pero estuvo bien tener tiempo para estar con ellas y
excursionear un poco.
El primer día
llegaron agotadas e hicimos poco más que reunirnos en el Peters (su base de
operaciones de ahí en adelante) y pasear un poco por los alrededores del hotel.
Al día siguiente mi jefe me recomendó un restaurante, A Árvore, donde los jueves
sólo se come cocido portugués en modo buffet libre. No sólo estaba buenísimo
sino que además sólo costaba 10€ con absolutamente todo incluido, y obviamente
las galleguinhas lo encontraron estupendo y disfrutaron como gorrinillas. Por
la tarde les enseñé mi casa y estuvieron estudiando todas las opciones para
mejorar mi cuarto, sabía que podía contar con ellas ;P
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| La fachada del Peter`s Café Sport. |
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| Felices y saciadas después del estupendo cocido. |
El viernes
cogimos un barco para ir a pasar el día a Pico. El trayecto sólo dura una media
hora y cuesta 3’5€, con lo cual parecía una buena idea…pero no caímos en que
era Viernes Santo y absolutamente toooodo estaba cerrado. Pudimos ver la iglesia
de Maria Magdalena (que da nombre al pueblo, Madalena) y dando gracias. Menos
mal que se entretienen con poco y nos dedicamos a recoger piedrecitas volcánicas
todo el camino hasta el único restaurante que nos habían recomendado en la
oficina de información turística. Eso sí, la comida estupenda y ellas felices
con dos sacos llenos de material para sus belenes y sus decoraciones varias.
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| En el Ferry a Madalena, Pico. |
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| Cogiendo piedras como poseídas. |
La nota cómica
del día se produjo cuando volvimos a Horta, totalmente agotadas después de un
día de pateos y cargadas como burras. A la salida de la terminal de ferries
había como cinco coches negros aparcados y nos subimos al primero de ellos, aliviadas al encontrar un taxi que
nos llevara de vuelta al hotel. El único problema fue que, ya cómodamente
instaladas y a punto de indicarle al vetusto conductor hacia dónde nos
dirigíamos, éste tuvo a bien aclararnos que no era un taxista y que nos
habíamos subido a su coche particular. Entre lágrimas de risa y “desculpe, desculpe!” nos bajamos del
coche agarrándonos los riñones y la honra…pero Açores is different y a los
cinco minutos el mismo señor vino a por nosotras y nos dio boleia hasta el hotel. Sí, hice autostop con mi madre y mi tía,
quién me lo iba a decir…
Para quitarnos
el rencor del cuerpo por la visita semi-fallida a Pico, al día siguiente
decidimos hacer de todo y fuimos al museo de Scrimshaw (tallado de dientes de
cachalote) del Peters Café, a varias iglesias de la zona y luego cogimos un
taxi que nos llevó al centro de interpretación del volcán de Capelinhos y luego
a la famosa Caldeira de Cabeço Gordo, o de Faial. El centro de interpretación
es subterráneo y se encuentra bajo el faro, que se mantuvo en pie durante los
trece meses que duró la erupción del volcán, allá por 1957. Aunque no está mal,
la mejor parte de la visita es la subida al faro, lo que permite tener unas
vistas privilegiadas sobre un paisaje volcánico de arenas negras que nada tiene
que ver con la exuberante vegetación del resto de la isla. El fuerte viento nos obligó a cubrirnos como
beduinos, pero nos lo pasamos pipa tanto ahí como en la caldera, donde además
del viento hacía un frío do caralho.
Cubiertas de arena pero felices, nos dirigimos a la Casa do Chá (altamente recomendable) para reponer fuerzas con unos
teses y unas tartas.
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| En el museo de Scrimshaw del Peters Café. |
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| En el faro de Capelinhos, intentando no volarnos con el viento. |
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| Las reinas del selfie en la Caldeira de Faial. |
Como el domingo
de Pascua también se preveía de cierre absoluto, había planeado una serie de
visitas que no dependían del horario comercial. Por la mañana fuimos a casa de
un señor holandés, uno de los cinco artesanos del scrimshaw que quedan en el
mundo, y su mujer nos enseñó su colección y su casa muy amablemente. Como al
día siguiente era el cumple de mi mami, le compré allí uno de los dientes
grabados, sabiendo que no iba a encontrar en la isla nada más que no hubiera
comprado ya. Después visitamos una iglesia (lo admito, no recuerdo su nombre,
pero era muy mona por dentro) y los alrededores de Porto Pim y comimos en
“Canto da Doca”, un restaurante cuya peculiaridad es que te cocinas tú mismo tu
comida sobre una roca volcánica caliente; divertido y sabroso. Por la tarde
bajamos la comida paseando por la marina para ver todos los dibujos que han ido
dejando los navegantes que han cruzado el Atlántico fondeando en Horta. El más
antiguo que encontramos era como del 93, pero se rumorea que hasta el mismísimo
Jacques Custeau dejó su huella aquí.
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| La pena es que nos quedamos con hambre...XD |
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| Los preciosos dibujos de la marina <3 |
El lunes mi
jefe había organizado una visita a la universidad y al buque de investigación
de la misma para mí y mis dos compañeras de trabajo, pero luego me dio el resto
del día libre para celebrar el cumple de mi madre (ya os he dicho que es muy
enrollado). Para la comida elegimos el restaurante Genuino, llamado así por su dueño, el único portugués que ha dado
dos veces la vuelta al mundo a vela en solitario. En sus viajes se dedicó a
adquirir todo tipo de objetos y recuerdos que llenan por completo el local: las
paredes, las escaleras, las mesas…todo es un recordatorio de su experiencia
viajera, y él está encantado de contarte su historia e inmortalizar tu visita
sacando mil fotos. Después de conocer a este personaje, fuimos a mi casa a
tomar un té y una massa sovada de
cumpleaños, y nos dedicamos a equipar mi cuarto con luces y estantes adiconales
¡Gracias mami!
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| La cumpleañera con su tarta¡felicidades! |
El último día
de su viaje, vinieron a verme trabajar en el acuario y también a visitar los museos
de Porto Pim: la casa Dabney y el Museo da Baleia. Por supuesto cerramos su estancia
con una sopa en el Peters y unas risas y abrazos. No puede haberme gustado más
teneros por aquí, ¡os quiero mucho y os voy a echar de menos, pero ya sabéis que
estoy fenomenal! ¡Volved pronto!
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| ¡Te quiero mami! ¡Muaaas! |
¡Me ha encantado! Se os ve estupendas disfrutando a las 3 juntas, qué envidia de visita, yo también soy de las que se entendría cogiendo piedras... ¡Besos!
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