sábado, 11 de abril de 2015

As primeiras visitas

Ays, pensaba contaros cómo iba yendo el trabajo y la vida en Horta, pero he recibido tantas visitas estos días con eso de las Pascuas que no me ha dado tiempo para nada…Para empezar os diré que, contra todo pronóstico, hay vida en Horta. No es que esté plagado de discotecas pero oye, al final siempre encuentras algo que hacer por las noches, y la gente es tan guay que me estoy enamorando poco a poco de este sitio.

Por ejemplo, nuestro primer finde ya todos instalados decidimos hacer una cena Eurodisea para inaugurar la casa.  A lo tonto se nos hicieron las tantas pero igualmente nos acercamos al “Festival da Juventude”, que se celebraba por segundo año consecutivo en el pabellón municipal. Cuando llegamos la dj no estaba precisamente luciéndose, pero bueno, ambiente había y yo no llegué a mi casa hasta pasadas las 5:30.

Cle, Sophie, Sarah and Sam, you are great! Come back soon!
Esa cena fue la primera de muchas, pues aprovechando las vacaciones han venido a vernos desde otras islas varias amigas, curiosamente todas gabachoparlantes. Esas visitas coincidieron con la de mi madre y mi tía, que vinieron del 1 al 8 de abril, pero eso no impidió que nos montáramos alguna que otra fiestecilla remember de Ponta Delgada en el Clube Naval.

Aunque se suponía que tenía que haber estado trabajando todos esos días de Pascua, mi jefe es super enrollado y nos dio jueves por la tarde y viernes libres, y así pude hacer más planes con mi family. No es que mi madre y mi tía no se las apañaran perfectamente para recorrerse el pueblo y encontrar todo lo susceptible de compra, pero estuvo bien tener tiempo para estar con ellas y excursionear un poco.

El primer día llegaron agotadas e hicimos poco más que reunirnos en el Peters (su base de operaciones de ahí en adelante) y pasear un poco por los alrededores del hotel. Al día siguiente mi jefe me recomendó un restaurante, A Árvore,  donde los jueves sólo se come cocido portugués en modo buffet libre. No sólo estaba buenísimo sino que además sólo costaba 10€ con absolutamente todo incluido, y obviamente las galleguinhas lo encontraron estupendo y disfrutaron como gorrinillas. Por la tarde les enseñé mi casa y estuvieron estudiando todas las opciones para mejorar mi cuarto, sabía que podía contar con ellas ;P

La fachada del Peter`s Café Sport.
Felices y saciadas después del estupendo cocido.
El viernes cogimos un barco para ir a pasar el día a Pico. El trayecto sólo dura una media hora y cuesta 3’5€, con lo cual parecía una buena idea…pero no caímos en que era Viernes Santo y absolutamente toooodo estaba cerrado. Pudimos ver la iglesia de Maria Magdalena (que da nombre al pueblo, Madalena) y dando gracias. Menos mal que se entretienen con poco y nos dedicamos a recoger piedrecitas volcánicas todo el camino hasta el único restaurante que nos habían recomendado en la oficina de información turística. Eso sí, la comida estupenda y ellas felices con dos sacos llenos de material para sus belenes y sus decoraciones varias.

En el Ferry a Madalena, Pico.
Cogiendo piedras como poseídas.
La nota cómica del día se produjo cuando volvimos a Horta, totalmente agotadas después de un día de pateos y cargadas como burras. A la salida de la terminal de ferries había como cinco coches negros aparcados y nos subimos al primero  de ellos, aliviadas al encontrar un taxi que nos llevara de vuelta al hotel. El único problema fue que, ya cómodamente instaladas y a punto de indicarle al vetusto conductor hacia dónde nos dirigíamos, éste tuvo a bien aclararnos que no era un taxista y que nos habíamos subido a su coche particular. Entre lágrimas de risa y “desculpe, desculpe!” nos bajamos del coche agarrándonos los riñones y la honra…pero Açores is different y a los cinco minutos el mismo señor vino a por nosotras y nos dio boleia hasta el hotel. Sí, hice autostop con mi madre y mi tía, quién me lo iba a decir…

Para quitarnos el rencor del cuerpo por la visita semi-fallida a Pico, al día siguiente decidimos hacer de todo y fuimos al museo de Scrimshaw (tallado de dientes de cachalote) del Peters Café, a varias iglesias de la zona y luego cogimos un taxi que nos llevó al centro de interpretación del volcán de Capelinhos y luego a la famosa Caldeira de Cabeço Gordo, o de Faial. El centro de interpretación es subterráneo y se encuentra bajo el faro, que se mantuvo en pie durante los trece meses que duró la erupción del volcán, allá por 1957. Aunque no está mal, la mejor parte de la visita es la subida al faro, lo que permite tener unas vistas privilegiadas sobre un paisaje volcánico de arenas negras que nada tiene que ver con la exuberante vegetación del resto de la isla.  El fuerte viento nos obligó a cubrirnos como beduinos, pero nos lo pasamos pipa tanto ahí como en la caldera, donde además del viento hacía un frío do caralho. Cubiertas de arena pero felices, nos dirigimos a la Casa do Chá (altamente recomendable) para reponer fuerzas con unos teses y unas tartas.

En el museo de Scrimshaw del Peters Café.
En el faro de Capelinhos, intentando no volarnos con el viento.
Las reinas del selfie en la Caldeira de Faial.
Como el domingo de Pascua también se preveía de cierre absoluto, había planeado una serie de visitas que no dependían del horario comercial. Por la mañana fuimos a casa de un señor holandés, uno de los cinco artesanos del scrimshaw que quedan en el mundo, y su mujer nos enseñó su colección y su casa muy amablemente. Como al día siguiente era el cumple de mi mami, le compré allí uno de los dientes grabados, sabiendo que no iba a encontrar en la isla nada más que no hubiera comprado ya. Después visitamos una iglesia (lo admito, no recuerdo su nombre, pero era muy mona por dentro) y los alrededores de Porto Pim y comimos en “Canto da Doca”, un restaurante cuya peculiaridad es que te cocinas tú mismo tu comida sobre una roca volcánica caliente; divertido y sabroso. Por la tarde bajamos la comida paseando por la marina para ver todos los dibujos que han ido dejando los navegantes que han cruzado el Atlántico fondeando en Horta. El más antiguo que encontramos era como del 93, pero se rumorea que hasta el mismísimo Jacques Custeau dejó su huella aquí.

La pena es que nos quedamos con hambre...XD
Los preciosos dibujos de la marina <3
El lunes mi jefe había organizado una visita a la universidad y al buque de investigación de la misma para mí y mis dos compañeras de trabajo, pero luego me dio el resto del día libre para celebrar el cumple de mi madre (ya os he dicho que es muy enrollado). Para la comida elegimos el restaurante Genuino, llamado así por su dueño, el único portugués que ha dado dos veces la vuelta al mundo a vela en solitario. En sus viajes se dedicó a adquirir todo tipo de objetos y recuerdos que llenan por completo el local: las paredes, las escaleras, las mesas…todo es un recordatorio de su experiencia viajera, y él está encantado de contarte su historia e inmortalizar tu visita sacando mil fotos. Después de conocer a este personaje, fuimos a mi casa a tomar un té y una massa sovada de cumpleaños, y nos dedicamos a equipar mi cuarto con luces y estantes adiconales ¡Gracias mami!

La cumpleañera con su tarta¡felicidades!
El último día de su viaje, vinieron a verme trabajar en el acuario y también a visitar los museos de Porto Pim: la casa Dabney y el Museo da Baleia. Por supuesto cerramos su estancia con una sopa en el Peters y unas risas y abrazos. No puede haberme gustado más teneros por aquí, ¡os quiero mucho y os voy a echar de menos, pero ya sabéis que estoy fenomenal! ¡Volved pronto!

¡Te quiero mami! ¡Muaaas!

1 comentario:

  1. ¡Me ha encantado! Se os ve estupendas disfrutando a las 3 juntas, qué envidia de visita, yo también soy de las que se entendría cogiendo piedras... ¡Besos!

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